La obra acomete la resolución de problemas de neología, en los que el traductor opta por soluciones que incluyen el calco semántico y la recreación analógica; explora con rigor los límites de la equivalencia léxica y sintáctica entre un idioma moderno como el español y otro de tradición clásica. El interés consiste en observar cómo se han llevado al idioma de Cicerón las palabras que no existían en su época; y comprobar que incluso una lengua muerta puede reanimarse con sus propios recursos. Los asuntos de los textos traducidos y su vocabulario suponen un claro reto para los traductores. «Los autores del libro no se han comido ni una sola palabra: todas tienen equivalencias comprensibles. Unas veces, la traducción latina necesita dos vocablos (“metro” se ofrece como ferrivia subterranea); pero también ocurre al revés (“medio ambiente” es circumiecta). Gracias a esta original obra vemos, pues, que el latín puede traducir todo el castellano».: reseña publicada en Babelia 14 de marzo