Roma, junio de 1952. Un anciano acude al consulado español para renovar el pasaporte de un país que no ha pisado en el último cuarto de siglo y en el que solo ha vivido hasta los ocho años. Al salir s
Este sitio web utiliza cookies, tanto propias como de terceros, para mejorar su experiencia de navegación. Si continúa navegando, consideramos que acepta su uso. Más información