EL estudio filológico de la lengua hebrea comienza, a un nivel todavía rudimentario, en la misma Biblia, que no pocas veces incluye interpretaciones de nombres e intentos etimológicos. Parecida preocupación se encuentra en la literatura rabínica, en la que se crea una terminología elemental para tratar ciertos problemas de carácter elemental para tratar ciertos problemas de carácter fonológico y morfológico, aunque no se aborden tales temas si no es de manera muy marginal.