Las Confederaciones Hidrográficas han sido reiteradamente señaladas como el antecedente inmediato de la planificación que se iniciaría en España décadas más tarde. Creadas por el Real Decreto de 5 de marzo de 1926, se habían inspirado en la Ley francesa de 27 de mayo de 1921 de regulación del Ródano, y consideraban la cuenca fluvial como unidad de desarrollo, al objeto de formalizar un plan de aprovechamiento general, coordinado y metódico de las aguas que discurrían por dicha cuenca. El plan debía implicar, también, la producción agrícola y ganadera, la repoblación forestal y el bienestar económico y social de la población afectada. Con tal fin, recibieron ciertas facultades públicas delegadas con las que podrían haber llegado a tener una gran fuerza regional.