En Deserts una pareja cómodamente situada tiene que afrontar la desestabilizadora presencia de un intruso que evidencia la falsedad de su presunta solidez afectiva, basada en la suma de las mutuas inseguridades. El resultado es una nueva situación que Peyró presenta irónicamente en términos de renovación. La ilusión ingenua e irracional sustituye el miedo mientras el intruso, como si se tratara de una parodia de Teorema de Pasolini, provoca un cambio sustancial en la vida de los anfitriones. La mentira puede ser tanto el problema como la solución.