La construcción de una cultura de la paz, y de la paz misma, es una tarea compleja que requiere bastante más que voluntarismo bienintencionado. De una parte, se hace necesaria una reflexión consistente sobre la violencia y sus causas, sobre la paz y las condiciones en que ésta puede ser posible; una reflexión que nos provea de las herramientas necesarias para pensar la paz y diseñar caminos que nos aproximen, al menos, a una situación de paz imperfecta en la que los niveles de violencia de todo tipo se hayan reducido drásticamente con respecto a los que conocemos.