Con el transcurso de los años, las mascotas, cada vez más, van adquiriendo la consideración de miembros, casi de pleno derecho, de la familia; en consecuencia, los mayores cuidados de que disfrutan, junto con la evolución de la medicina veterinaria, están haciendo que esos “nuevos miembros de la familia”, vivan más tiempo, alcanzando edades antes impensables; el problema que se deriva de esta nueva situación reside en que estos nuevos ancianos necesitan unos cuidados muy específicos y están más predispuestos a padecer enfermedades crónicas, por lo que la ciencia veterinaria se está viendo obligada a llevar a cabo más estudios y nuevos avances diagnósticos y terapéuticos, tanto a nivel físico como de laboratorio, para estos pacientes geriátricos, tanto en el caso de la especie felina como de la canina, con el fin de proporcionarles la mejor calidad y el mayor tiempo de vida posibles.