La ciudad de Fez, situada en el norte de Marruecos, representa un testimonio excepcional de la historia urbana y arquitectónica del Magreb. Fundada en el siglo VIII por Idris I, Fez se consolidó como un centro cultural, espiritual y comercial de primer orden dentro del mundo islámico. Su estructura urbana, caracterizada por una organización orgánica y densa, responde a principios tradicionales que integran la función, el simbolismo religioso y la adaptación al medio.
Desde una perspectiva urbanística, la medina de Fez el-Bali —declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1981— constituye uno de los ejemplos mejor conservados de ciudad islámica medieval. La ciudad de Fez fue el lugar elegido por la dinastía meriní para asentar la capital de su recién creado estado, sin embargo, Abu Yusuf Ya?qub decidió fundar en 1276 una ciudad palatina separada 200 m y en la que instaló tanto la casa real como el aparato gubernamental. De esta manera, se constituyó una ciudad independiente, protegida por su propia muralla y abastecida de agua, confiriéndole así autonomía y capacidad suficiente como para convertirse en la sede del poder. Su nombre oficial fue al-Madina al-Bay?a? (La Ciudad Blanca), aunque desde sus inicios ha sido conocida comúnmente como Fas al-Gadid o Fez la Nueva.
El libro supone una aportación fundamental al estudio de una creación urbana significativa para la historia del Magreb medieval, aspecto que no solo es demostrado por los avatares históricos sucedidos en este espacio, sino también por el inmenso conjunto patrimonial que pervive en su interior. Así, ante la sorprendente escasez de investigaciones anteriores, el presente libro pretende abordar el estudio de la ciudad medieval, apoyándose para ello en tres líneas de trabajo principales: la exploración de fuentes escritas, la documentación planimétrica y el análisis urbano.
Su trazado laberíntico refleja una planificación espontánea basada en la topografía y la dinámica socioeconómica de sus habitantes. Las vías principales conectan los grandes equipamientos —como mezquitas, madrazas y zocos— mientras que los callejones secundarios conducen hacia espacios residenciales más íntimos. Esta jerarquía espacial crea un equilibrio entre lo público y lo privado, reforzando la cohesión social y cultural.
En cuanto a su arquitectura, Fez alberga una rica diversidad tipológica y estilística que ilustra la evolución del arte islámico magrebí. Las madrazas, como la de Bou Inania o al-Attarine, destacan por la calidad de su ornamentación: zellij (mosaico cerámico), estuco labrado y madera tallada se combinan en composiciones de profunda carga simbólica. Las residencias tradicionales, o riads, presentan patios interiores ajardinados que actúan como núcleos de intimidad familiar y moderadores climáticos.La ciudad también es notable por su sistema hidráulico histórico, que incluye canales, norias y fuentes públicas, fundamentales para la vida urbana y para actividades como el curtido de pieles. Este ingenioso manejo del agua expresa un conocimiento técnico profundamente vinculado a los valores espirituales del islam, donde el agua es símbolo de pureza y vida.