Adentrarse en la obra de un escritor con el objetivo de estudiarla a fondo es siempre un acontecimiento. Zambullirse en las palabras de otro, pretender comprender su sentido último y realizar un trabajo de cierta validez crítica resulta toda una empresa, pues el autor posee una perspectiva propia en la que el estudioso, desde su punto de vista -tan subjetivo como el del autor-, difícilmente logra introducirse del todo. Abrir los ojos, disponer la mente y alistar el corazón para estudiar hoy, con la dosis exacta de rigor y la proporción necesaria de emoción, la creación poética de unos seres con los que no se ha intercambiado palabra alguna es una tarea tan atractiva como arriesgada.